China ha puesto en marcha una estrategia audaz que está cambiando el panorama energético global: la construcción masiva de reactores nucleares de gran capacidad.

Desde 2016, el país ha duplicado su capacidad nuclear, llegando a casi 60 GW de potencia instalada. La mayoría de estos nuevos equipos son reactores de agua a presión (PWR) de escala de gigavatio, una tecnología que combina rendimiento y seguridad. En contraste, Estados Unidos, que sigue siendo el mayor productor de energía nuclear, ha construido solo dos reactores nuevos en el mismo periodo, una cifra que se queda al margen de la demanda creciente.

El impulso chino se basa en varios factores estratégicos. Primero, la necesidad de descarbonizar su economía, que es la segunda más grande del planeta y la mayor emisora de CO₂. La energía nuclear ofrece una fuente de electricidad prácticamente libre de gases de efecto invernadero y, a diferencia de la solar o eólica, puede operar de manera constante.

Segundo, la política de “nuevos nucleares” del gobierno, que contempla la construcción de grandes centrales con reactores de 1 GW en lugar de los tradicionales de 0,5 GW. Esta escalabilidad reduce los costos unitarios de construcción y simplifica la logística de suministro de combustible.

Tercero, la carrera tecnológica con Estados Unidos y Rusia. China ha invertido en investigación y desarrollo de tecnologías avanzadas, como los reactores de siguiente generación (SMR, SFR y TWR) que prometen mayor eficiencia y menor generación de residuos. Al aumentar su capacidad, el país busca posicionarse como líder en exportación de tecnología nuclear.

Sin embargo, la expansión no está exenta de desafíos. La seguridad nuclear sigue siendo una preocupación primordial, especialmente después de incidentes como Chernóbil y Fukushima. A pesar de los avances regulatorios, la percepción pública sigue siendo negativa en gran parte del país.

Otro problema es el abastecimiento de uranio. China depende en gran medida de importaciones de países como Australia y Canadá, aunque está desarrollando programas de reprocessing para reciclar combustible gastado y reducir la dependencia.

El impacto a nivel global también es significativo. Con la entrada de China como uno de los mayores constructores de reactores, la arquitectura de la generación de energía mundial se vuelve más diversa. Los países en desarrollo podrían beneficiarse de la transferencia de tecnología, mientras que las naciones con estándares regulatorios estrictos podrían ver una presión creciente para modernizar sus propios parques nucleares.

En resumen, China está apostando fuertemente en la escala y la innovación nuclear como parte de su estrategia energética. El resultado será observar una mayor adopción de la energía nuclear en Asia y posiblemente una reconfiguración de las alianzas industriales alrededor de la tecnología nuclear.