La irrupción de la inteligencia artificial agente —sistemas capaces de planificar, ejecutar tareas y delegar en otros modelos sin intervención humana constante— ha abierto una brecha de seguridad que la mayoría de las empresas ni siquiera han empezado a medir. Según J. Wolfgang Goerlich, vicepresidente de producto para identidad en Cisco, "hay agentes sombra operando en casi todos los entornos que analizamos". La advertencia no es teórica: es el resultado de auditorías reales en redes corporativas donde asistentes de código, bots de automatización y copilotos de ventas ya toman decisiones, acceden a APIs sensibles y mueven datos sin dejar rastro claro en los sistemas de gobernanza tradicionales.

El problema radica en la naturaleza misma de la IA agente. A diferencia de un script o una API estática, un agente negocia permisos, solicita credenciales temporales y puede escalar privilegios dinámicamente. Los controles basados en roles (RBAC) o en atributos (ABAC) fueron diseñados para identidades humanas o servicios predecibles, no para entidades que aprenden y adaptan su comportamiento en tiempo real. Esto crea una superficie de ataque difusa: credenciales durmientes, tokens de larga vida y cadenas de confianza opacas que un atacante —o un agente desviado— puede explotar para moverse lateralmente.

La respuesta de Cisco, Duo Agentic Identity, apuesta por tratar a cada agente como una identidad de primer orden: registro obligatorio, ciclo de vida gestionado, credenciales de corta duración y políticas de acceso basadas en contexto (dispositivo, red, comportamiento histórico). La solución se integra con el tejido Zero Trust de Duo y con proveedores de identidad como Entra ID u Okta, permitiendo revocar acceso o forzar reautenticación si un agente se desvía de su patrón esperado. En esencia, extiende el principio de "nunca confíes, verifica siempre" a la fuerza de trabajo sintética.

Pero la tecnología sola no basta. Las organizaciones necesitan un inventario vivo de agentes —oficiales y no autorizados—, contratos de comportamiento (qué datos pueden tocar, qué acciones pueden disparar) y marcos de rendición de cuentas que asignen responsabilidad humana a cada decisión autónoma. Gartner estima que para 2028 el 33 % de las aplicaciones empresariales incluirán capacidades agente; sin gobernanza, cada una será un vector de riesgo invisible.

La movida de Cisco señala un cambio de paradigma: la identidad deja de ser un problema de "quién eres" para convertirse en "qué haces y por qué". En un mundo donde el software escribe software y los agentes contratan agentes, la visibilidad y el control de identidades sintéticas serán el nuevo perímetro de seguridad. Quienes ignoren la advertencia de los "agentes sombra" descubrirán, tarde o temprano, que su red ya no les pertenece solo a ellos.