Un reciente estudio de Harvard Business School ha puesto de relieve una preocupante disparidad de género en la adopción de inteligencia artificial: las mujeres están utilizando herramientas de IA un 25 % menos que los hombres. Esta brecha no es meramente estadística; refleja dinámicas estructurales que afectan la competitividad de las empresas tecnológicas y la representación de la diversidad en el sector.
Tarika Barrett, directora ejecutiva de Girls Who Code, ha subrayado en diversas entrevistas que la falta de acceso a mentorías especializadas y la ausencia de políticas claras de uso de IA son factores determinantes que perpetúan esta desigualdad. Según Barrett, "cuando las mujeres no cuentan con modelos a seguir ni con marcos regulatorios que faciliten su participación, la brecha se ensancha". Su visión se basa en la creencia de que la inclusión no es solo una cuestión de equidad, sino un motor de innovación.
La mentoría, según la CEO, debe ser sistematizada y accesible en todos los niveles educativos y profesionales. Programas como los de Girls Who Code, que combinan capacitación técnica con redes de apoyo, han demostrado que al proporcionar a las jóvenes herramientas concretas y acompañamiento continuo, se incrementa su confianza para experimentar con IA. Además, la creación de espacios seguros donde las mujeres puedan compartir experiencias y recibir retroalimentación ha demostrado ser esencial para romper estereotipos y fomentar la participación activa.
Paralelamente, Barrett insiste en la necesidad de políticas de IA más transparentes y orientadas a la inclusión. Las empresas deben establecer guías claras que definan quiénes pueden acceder a sus modelos, cómo se gestionan los sesgos y qué mecanismos de rendición de cuentas existen. La falta de regulaciones específicas para la IA genera incertidumbre que, según los expertos, tiende a ser aprovechada por quienes ya dominan la tecnología, dejando a las mujeres en una posición de desventaja competitiva.
El análisis de esta brecha trasciende lo académico y se vuelve crucial para el futuro del ecosistema tecnológico. La adopción desigual de IA implica que los productos y servicios desarrollados podrían reflejar visiones limitadas, perpetuando sesgos que afectan a toda la sociedad. En consecuencia, las organizaciones que no logren cerrar esta brecha corren el riesgo de perder talento, innovar menos y enfrentar mayores presiones regulatorias en un entorno cada vez más exigente en materia de diversidad e inclusión.
En respuesta, diversas iniciativas están emergiendo para impulsar la participación femenina en IA. Programas de capacitación dirigidos a mujeres emprendedoras, certificaciones específicas en IA con enfoque de género y alianzas entre universidades, empresas y ONG están comenzando a generar un efecto multiplicador. Sin embargo, el éxito de estas acciones depende de un compromiso sostenido por parte de los líderes empresariales y de la creación de marcos normativos que favorezcan la equidad.
En conclusión, la propuesta de Tarika Barrett y su equipo en Girls Who Code plantea una hoja de ruta práctica: fortalecer la mentoría, garantizar políticas de IA transparentes y medibles, y promover la visibilidad de mujeres líderes en el campo. Sólo a través de estas medidas la brecha de género en la adopción de IA podrá reducirse, permitiendo que la tecnología sea verdaderamente inclusiva y beneficie a toda la sociedad.