Figma quiere que los agentes de inteligencia artificial puedan trabajar con el diseño de forma interoperable, pero no está dispuesta a abrir sus bases de datos sin controles. La compañía ha anunciado que planea respaldar tantos estándares como sea posible, siempre que la conexión no exponga indiscriminadamente sus datos. Para su cofundador, Dylan Field, el Model Context Protocol (MCP) es una pieza útil, aunque no un protocolo perfecto.
Para entender la postura de Field conviene situar MCP. Creado por Anthropic y presentado como estándar abierto, el protocolo permite que las aplicaciones de IA se conecten con herramientas y fuentes externas mediante una capa común, en lugar de exigir una integración individual con cada servicio. Figma ya ha construido integraciones basadas en MCP para facilitar el acceso de herramientas de desarrollo al contexto de Dev Mode. Esto abre la puerta a una conexión más directa entre archivos de diseño, código y flujos asistidos por IA.
La reserva de Field apunta a una distinción importante: ser interoperable no significa eliminar los problemas de acceso, calidad o seguridad. MCP estandariza cómo un agente descubre y utiliza herramientas, pero no garantiza por sí solo que el contexto sea preciso, que los permisos estén bien definidos ni que todas las implementaciones se comporten de forma fiable. Un protocolo común puede simplificar las conexiones sin resolver las dificultades propias de cada producto.
El tratamiento de los datos es especialmente sensible en diseño. Un archivo puede contener productos aún no presentados, información personal, credenciales, hojas de ruta o propiedad intelectual. Si un agente dispone de permisos amplios, podría recuperar o modificar información que debería permanecer limitada a un equipo o proyecto. Por eso, el soporte de MCP debe acompañarse de autorizaciones granulares, consentimiento, tokens con alcance delimitado, registros de auditoría y una separación clara entre operaciones de lectura y escritura.
La estrategia de Figma refleja un equilibrio entre dos objetivos. Su principal activo no es solo el editor, sino el contexto que lo rodea: componentes, variables, prototipos y relaciones con el código. Compartir ese contexto puede fortalecer su posición en la era de los agentes. Sin embargo, una apertura excesiva reduciría el control y la confianza de sus clientes. Al respaldar varios estándares y mantener la acceso gobernado, Figma evita apostar todo su futuro a un único protocolo.
Esta postura también refleja la maduración del mercado de la IA. Las primeras integraciones priorizaban la velocidad: conectar un modelo con herramientas y demostrar qué tareas podía completar. Ahora, las empresas preguntan quién puede acceder a qué, con qué autorización y bajo qué condiciones de trazabilidad. El soporte de protocolos se ha convertido en una decisión de producto, seguridad y gobernanza.
Para los profesionales technological, la conclusión práctica no es elegir entre MCP y ninguna alternativa, sino utilizarlo como una capa de interoperabilidad y aplicar principios de confianza cero. Las organizaciones deberían inventariar conectores, minimizar permisos, clasificar la información, exigir aprobación para acciones destructivas y monitorizar los logs. Un servidor compatible con MCP no es seguro por defecto.
La crítica de Field no debilita MCP; señala hacia dónde puede evolucionar. El estándar tendría que Incorporar controles más maduros, descripciones semánticas, versionado y mecanismos de interoperabilidad. Si lo consigue, Figma ganó una vía hacia los flujos de trabajo de IA sin renunciar a la ventaja que aporta su contexto. Si no, cohabitarán con APIs propietarias y otros protocolos. El mensaje de Figma es claro: apertura y control no son incompatibles, siempre que la seguridad accompanies al estándar.