Cuatro siglos después de su muerte, William Shakespeare sigue ofreciendo lentes para leer el presente. Investigadores en estudios descoloniales e inteligencia artificial han encontrado en La Tempestad una alegoría precisa para entender la materialidad oculta tras cada prompt que enviamos a un modelo generativo. La obra, centrada en el mago Próspero que controla una isla y sus habitantes mediante poderes invisibles, refleja la arquitectura de poder que sostienen los centros de datos contemporáneos: infraestructuras masivas, energéticamente voraces y geográficamente desplazadas.
Cada interacción con un modelo de lenguaje grande (LLM) desencadena una cadena de procesamiento en servidores remotos, a menudo ubicados en zonas rurales o comunidades marginadas donde la tierra, el agua y la electricidad son más baratas. Esta dinámica no es casual: replica patrones históricos de extracción colonial. El caso del proyecto Mvskoke Technology and Innovation Park en Oklahoma, rechazado por la Nación Mvskoke tras debatir el uso de agua y los compromisos a largo plazo, ejemplifica cómo la expansión de la IA choca con la soberanía de los pueblos originarios y los límites ecológicos locales.
La metáfora shakespeariana permite visibilizar tres dimensiones críticas. Primero, la asimetría de conocimiento: al igual que Miranda desconoce el origen de su poder, los usuarios ignoran la huella hídrica y de carbono de cada respuesta generada. Segundo, la concentración de control: Próspero gobierna mediante espíritus invisibles; hoy, unas pocas corporaciones operan la infraestructura que define qué conocimiento es accesible y cómo se produce. Tercero, la resistencia posible: Calibán, el habitante nativo de la isla, encarna la rebeldía contra la apropiación. En la actualidad, comunidades afectadas exigen transparencia, consentimiento libre, previo e informado, y una distribución justa de beneficios y cargas.
Este enfoque no busca demonizar la tecnología, sino exigir una gobernanza que internalice sus costos reales. La regulación europea (AI Act) avanza en transparencia algorítmica, pero queda pendiente abordar la cadena de suministro física: chips, energía, agua, tierras raras. Iniciativas como la "Green AI" o los compromisos de "net zero" de grandes tecnológicas son pasos insuficientes si no incluyen justicia ambiental y reparación histórica.
Leer La Tempestad en la era de la IA nos recuerda que detrás de la magia aparente de la generación de texto hay trabajo humano, extracción minera, consumo energético y decisiones políticas sobre qué territorios sacrificar. La próxima vez que interactuemos con un chatbot, valdría la pena preguntar: ¿quién es el Próspero de esta isla digital? ¿Y qué Calibanes están pagando el precio?