En una entrevista reciente con Fast Company, Tarika Barrett, CEO de Girls Who Code, abordó dos temas críticos que están moldeando el futuro de la inteligencia artificial: la marcada brecha de género en el uso y desarrollo de estas tecnologías, y la creciente ansiedad que sienten los estudiantes al enfrentarse a herramientas cada vez más poderosas.

Barrett señala que, aunque la IA ha avanzado a pasos agigantados, su adopción sigue estando dominada por hombres. Según datos de la UNESCO, menos del 22 % de los profesionales que trabajan en IA a nivel mundial son mujeres. Esta disparidad no solo es injusta desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades, sino que también limita la capacidad de la tecnología para resolver problemas de forma integral. "Cuando la IA se construye sin la perspectiva de las mujeres, se pierden insights cruciales que podrían evitar sesgos y mejorar la utilidad de los sistemas para toda la sociedad", afirma Barrett.

En este contexto, el escepticismo que muchas jóvenes sienten hacia la IA puede convertirse en una fortaleza. En lugar de aceptar ciegamente la tecnología, la incertidumbre les lleva a preguntar, a explorar sus limitaciones y a buscar maneras de hacerla más ética y transparente. "El escepticismo no es rechazo, es curiosidad crítica", explica la directora ejecutiva. "Ese tipo de mentalidad es precisamente lo que la industria necesita para evitar errores costosos y para diseñar productos que realmente respeten la diversidad de sus usuarios".

Girls Who Code, fundada en 2012, ha centrado sus esfuerzos en cerrar esa brecha ofreciendo programas de codificación gratuitos a niñas y jóvenes de entre 13 y 18 años. La organización ha llegado a más de 500 000 estudiantes en todo el mundo, pero Barrett reconoce que la lucha está lejos de terminar. "No basta con enseñar a programar; debemos crear entornos donde las chicas se sientan seguras para experimentar con IA, donde sus dudas sean escuchadas y donde puedan liderar proyectos reales", afirma.

Otro punto crítico que Barrett destaca es la ansiedad que sienten muchos estudiantes al interactuar con herramientas de IA generativa, como ChatGPT o DALL·E. La facilidad con la que estas aplicaciones pueden producir textos, imágenes o código ha generado preocupación sobre la originalidad, la ética y el futuro del empleo. "Los jóvenes temen que sus trabajos sean reemplazados o que sus ideas no sean valoradas porque una máquina puede replicarlas en segundos", comenta la CEO.

Para contrarrestar este miedo, Girls Who Code promueve una educación que combina habilidades técnicas con un fuerte componente de alfabetización digital y ética. Los programas incluyen debates sobre sesgos algorítmicos, derechos de autor y la responsabilidad social de los desarrolladores. Además, la organización fomenta la colaboración entre estudiantes y mentores profesionales, creando una red de apoyo que permite a las jóvenes ver la IA como una herramienta que potencia, no que sustituye, su creatividad.

Barrett también subraya la importancia de la regulación y la política pública. Señala que, sin marcos legales claros, la expansión descontrolada de la IA podría agravar las desigualdades existentes. "Necesitamos leyes que exijan transparencia en los algoritmos y que garanticen la participación equitativa de mujeres en los equipos de desarrollo", insiste.

El mensaje de Barrett llega en un momento en que grandes empresas tecnológicas están bajo presión para diversificar sus plantillas y para abordar los problemas de sesgo en sus modelos. Google, Microsoft y OpenAI han anunciado iniciativas para aumentar la representación femenina, pero los resultados todavía son modestos. La experiencia de Girls Who Code muestra que la solución pasa por la educación temprana y por crear una cultura de escepticismo constructivo que fomente la innovación responsable.

En conclusión, la visión de Tarika Barrett invita a replantear la relación entre escepticismo y progreso. En lugar de ver la duda como un obstáculo, debemos considerarla una herramienta para construir una IA más inclusiva, ética y sostenible. Si logramos canalizar la curiosidad crítica de las jóvenes hacia la creación de soluciones tecnológicas, no solo reduciremos la brecha de género, sino que también fortaleceremos la confianza de toda la sociedad en el futuro de la inteligencia artificial.

La apuesta de Girls Who Code es clara: empoderar a la próxima generación de mujeres tecnólogas para que sean no solo usuarias, sino creadoras y reguladoras de la IA. El escepticismo, lejos de ser una barrera, puede convertirse en el motor que impulse una revolución más justa y humana en el mundo digital.