La paradoja es familiar en el sector legal tecnológico: los departamentos legales internos (in-house) compran licencias de herramientas de inteligencia artificial generativa, anuncian pilotos internos y publican comunicados sobre innovación. Pero cuando se mira el uso real día a día, la actividad brilla por su ausencia.

Esa es la conclusión principal de una nueva encuesta de LegalOn Technologies, que recoge datos empíricos sobre lo que Artificial Lawyer lleva meses escuchando en los pasillos de las conferencias de legal tech: la adopción formal no equivale a adopción real. El 78% de los encuestados afirma que su organización ha "abrazado" la IA. Sin embargo, apenas un 23% la utiliza de forma regular en revisión de contratos, due diligence o investigación jurídica.

El fenómeno tiene nombre en la sociología de la tecnología: "teatro de innovación". Las empresas compran la herramienta para señalizar modernidad al consejo de administración o a clientes, pero no invierten en lo que realmente genera valor: gestión del cambio, formación continua y rediseño de procesos.

"El cuello de botella ya no es el modelo, es el flujo de trabajo", explica un director de operaciones legales de una multinacional española que prefiere no ser citado. "Compramos Harvey o Spellbook, pero los abogados siguen abriendo Word, copiando plantillas del sharepoint y marcando cambios a mano. La IA queda como un adorno caro".

La encuesta de LegalOn —realizada a más de 400 profesionales legales in-house en EE. UU., Reino Unido y UE— identifica tres barreras estructurales. Primero, ausencia de "champions" internos: nadie tiene incentivos para impulsar la herramienta más allá del piloto. Segundo, riesgos percibidos de confidencialidad y alucinaciones que frenan el uso en documentos sensibles. Tercero, y quizá el más subestimado: la cultura de facturación por horas en despachos externos desincentiva la eficiencia que la IA promete.

En España, la situación replica el patrón global. Grandes ibex35 han anunciado alianzas con proveedores de legal AI, pero fuentes del sector consultadas por IAOnda confirman que el uso real se limita a pilotos acotados en NDA o contratos de proveedores de bajo riesgo. "Falta gobernanza del dato", apunta María González, directora de Legal Tech en una consultora madrileña. "Si no tienes tus contratos estructurados, etiquetados y accesibles, la mejor IA del mundo no te sirve de nada".

La lección para CLOs y directores de operaciones legales es clara: la compra de software es el paso más fácil. Lo difícil —y donde se juega el ROI— es la capa organizativa: métricas de adopción, formación obligatoria, integración con CLM y repositorios, y alineación de incentivos con despachos externos.

Mientras tanto, los proveedores de legal AI —Harvey, Robin AI, LegalOn, Spellbook, Luminance— compiten por renovaciones anuales que dependerán menos de la calidad de sus modelos y más de la capacidad de sus clientes para cambiar sus hábitos. La próxima ola de consolidación en legal tech no vendrá de mejores algoritmos, sino de quién resuelva mejor el problema de la adopción real.