Meta está ultimando el lanzamiento de una nueva generación de gafas inteligentes que prescindirán por completo de cámaras, según informa The Information. El movimiento marca un giro estratégico respecto a las Ray-Ban Meta actuales —que integran una cámara de 12 MP y micrófonos abiertos— y señala hacia un dispositivo centrado en la interacción por voz, audio espacial y asistencia contextual sin captura visual.

La decisión no es casual. Las gafas con cámara han generado fricción regulatoria en Europa (GDPR, AI Act) y rechazo social por la grabación encubierta. Eliminar el sensor óptico reduce la superficie de ataque legal, simplifica el cumplimiento y abre la puerta a entornos corporativos donde la política de seguridad prohíbe dispositivos de imagen. Además, abarata el BOM (bill of materials) y aligera el factor de forma, dos barreras clave para la adopción masiva.

Desde el punto de vista de producto, Meta apuesta por un paradigma "audio-first" potenciado por Llama 3 y su infraestructura de IA generativa. Los micrófonos beamforming y los altavoces de conducción ósea o open-ear permitirían comandos de voz naturales, traducción en tiempo real, resúmenes de reuniones, navegación paso a paso y lectura de notificaciones sin sacar el teléfono. La ausencia de cámara no implica ceguera total: sensores IMU, proximidad y GPS ofrecen conciencia situacional suficiente para casos de uso manos libres.

La jugada también diferencia a Meta de Apple Vision Pro (compute espacial caro y aislante) y de los pins de Humane o Rabbit (factor de forma ajeno al rostro). Las gafas son el wearable socialmente aceptado por siglos; meter IA ahí sin el estigma de "grabar a todo el mundo" puede ser el sweet spot que la industria busca desde Google Glass.

Quedan incógnitas: latencia de inferencia en dispositivo vs. nube, autonomía real con SoC de bajo consumo, precio objetivo y si Meta abrirá la plataforma a desarrolladores terceros. Lo que está claro es que la carrera de los wearables de IA deja de ser "quién pone una cámara en la cara" para convertirse en "quién pone el asistente más útil en la oreja".