Los usuarios están cayendo en la trampa del secreto cuando Apple decide deshacerse del código que permite el reconocimiento facial en sus gafas inteligentes. Este movimiento no solo refleja una respuesta a la creciente demanda de privacidad, sino que también señala cómo las grandes empresas están redefiniendo los límites entre innovación y vigilancia. El impacto va más allá de la app, tocando debates sobre regulación y ética en tecnología. Los profesionales de la sector deben analizar cómo este gesto influye en el futuro de la inteligencia artificial en Europa y más allá.