La moda siempre ha vendido aspiraciones. Desde hace décadas, la industria ha construido imágenes de belleza a través de la selección de modelos, la iluminación, el maquillaje y, más tarde, el retoque digital. Aunque los consumidores sabían que esas imágenes no reflejaban la realidad diaria, seguían consumiendo las tendencias y comprando los productos que se anunciaban.

Ahora, sin embargo, la moda está dando un paso más allá de la simple mejora de imágenes de personas reales. La industria está comenzando a generar a las propias personas.

Modelos generados por IA y dobles digitales (replicaciones virtuales de modelos reales) son cada vez más comunes. Marcas como Balmain, Levi’s y HÂM han experimentado con esta tecnología, argumentando que ofrece nuevas oportunidades para aumentar la diversidad, mejorar la eficiencia y reducir costes. Sin embargo, a pesar de que los consumidores están acostumbrados a imágenes editadas e idealizadas, estos avances han provocado una reacción adversa mucho más fuerte.

¿Por qué crear un modelo con IA parece fundamentalmente distinto de editar una fotografía de una persona real? Como investigadora en psicología del consumidor digital, me he interesado cada vez más por esta pregunta. Un patrón está empezando a surgir: los consumidores parecen preocuparse menos por si una imagen es perfecta que por si existe una persona real detrás de ella.

De la retoque a la creación Los modelos generados por IA representan un cambio importante porque van más allá de la alteración y entran en el terreno de la creación. En lugar de modificar una persona existente, las marcas pueden ahora generar individuos totalmente sintéticos. También pueden crear versiones digitales de modelos reales que pueden aparecer en campañas sin pisar nunca un estudio fotográfico.

Los defensores de esta tecnología argumentan que ofrece varias ventajas. Los modelos de IA pueden producirse rápidamente, adaptarse a diferentes mercados y utilizarse en múltiples campañas. Tambiéen pueden ser diseñados para representar una gama más amplia de edades, tipos de cuerpo y apariencias que las que se suelen mostrar en las campañas de moda tradicionales.

No obstante, la reacción del público ha sido fuerte. Muchos argumentan que la creación de modelos sintéticos deshumaniza la industria y elimina oportunidades de empleo para personas reales. Además, la capacidad de crear imágenes de personas que nunca han existido plantea preguntas éticas sobre la representación y la autenticidad.

Desde el punto de vista psicológico, los consumidores tienden a antropomorfizar las imágenes que ven. Cuando se trata de una persona real, por muy editada que esté la imagen, hay una conexión emocional. Esa conexión desaparece cuando el modelo es una entidad sintética, lo que puede generar sentimientos de alienación y desconexión.

Además, la inminente adopción de esta tecnología puede tener implicaciones profundas para el futuro de la industria de la moda. Si las marcas comienzan a depender en gran medida de los modelos generados por IA, podrimos presenciar una homogeneización de la representación digital, a pesar de la promesa de mayor diversidad. El verdadero desafío será garantizar que la tecnología se utilice de manera responsable, complementando en lugar de sustituyendo la presencia humana.

En resumen, los modelos de moda generados por IA representan un punto de inflexión para la industria. Si bien prometen mayor diversidad, eficiencia y reducción de costes, también plantean cuestiones importantes sobre autenticidad, etica y el valor de la conexión humana. El debate está solo empezando, y el futuro de la moda dependerá de cómo equilibremos la innovación tecnológica con la necesidad humana de conexión genuina.