El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha anunciado un avance que podría transformar la logística de las vacunas basadas en ARN mensajero (ARNm). Los investigadores han desarrollado una nueva formulación que estabiliza las nanopartículas lipídicas (LNP) responsables de transportar el material genético, logrando que las vacunas mantengan su eficacia incluso a temperaturas superiores a las habituales de cadena de frío.
Las LNP son esenciales en las vacunas de ARNm porque protegen el ARNm de la degradación y facilitan su entrada en las células. Sin embargo, su composición sensible a la temperatura ha sido un cuello de botella para su distribución, ya que la mayoría de los productos requieren almacenamiento entre 2 y 8 °C y, en algunos casos, congelación a –20 °C o –80 °C. Esta necesidad de frío extremo encarece la distribución y limita el acceso en regiones con infraestructura sanitaria limitada.
La solución del MIT se basa en la incorporación de un polímero biodegradable y un agente osmoprotector, que forman una capa protectora alrededor de las LNP, reduciendo la permeabilidad y la agregación de las partículas cuando se exponen a calor. Según los resultados publicados en su estudio, la formulación mantiene la integridad de las LNP durante al menos una semana a 37 °C y conserva la capacidad de expresión del ARNm durante varios meses cuando se almacena a 4 °C, condiciones mucho más amplias que las actuales.
Este avance tiene implicaciones profundas para la equidad en la vacunación global. La posibilidad de transportar y almacenar vacunas sin la necesidad de una cadena de frío rigurosa permitiría reducir costos logísticos, facilitar la distribución en zonas rurales y en países en desarrollo, y acelerar la respuesta a brotes emergentes. Además, la mayor estabilidad térmica abre la puerta a la utilización de formulaciones pre‑mezcladas y listas para usar, lo que simplifica la administración por personal no especializado.
Desde el punto de vista regulatorio, la estabilidad prolongada a temperaturas moderadas puede facilitar la obtención de autorizaciones de uso de emergencia (EUA) y la pre‑qualificación por parte de la OMS, ya que los requisitos de almacenamiento son un criterio clave en la evaluación de productos. Las empresas fabricantes de vacunas podrían integrar esta formulación en sus líneas de producción sin necesidad de redesign de los procesos de llenado y envasado, lo que acelera la puesta en marcha de nuevos lotes.
En conclusión, la innovación del MIT representa un paso decisivo hacia la democratización de las vacunas de ARNm. Al superar la barrera de la sensibilidad térmica, se abre la posibilidad de una distribución más rápida, eficiente y equitativa, lo que podría ser crucial para enfrentar no solo la pandemia actual, sino también futuras emergencias sanitarias y para la expansión de terapias génicas basadas en ARNm a otras áreas médicas.