El sector de la realidad virtual atraviesa uno de sus momentos más complicados, y la noticia del cierre de Polyarc, el estudio desarrollador del galardonado videojuego Moss, lo confirma con fuerza. La compañía californiana, fundada en 2017, se convirtió en un referente de la industria gracias a su innovador enfoque narrativo dentro del formato VR, pero las dificultades económicas han terminado por hacerla insostenible.
Moss, lanzado en 2018 para PlayStation VR, fue uno de esos títulos que definieron una generación de experiencias en realidad virtual. Su fórmula, que combinaba mecánicas de acción y aventura con un sistema de cámara en tercera persona que permitía al jugador interactuar físicamente con el personaje principal, Quill, fue revolucionaria. El juego demostró que la RV podía ofrecer narrativas emocionales profundas, no solo experiencias tecnológicas vacías. Su secuela, Moss: Book II, llegaría en 2022 para Meta Quest y PSVR, consolidando a Polyarc como un estudio de referencia en el ecosistema de realidad virtual.
El cierre de Polyarc no es un evento aislado. En los últimos meses, múltiples estudios especializados en RV han anunciado recortes de personal o cierres definitivos. Meta, la gran apuesta de Mark Zuckerberg para el metaverso, ha reducido drásticamente su inversión en divisiones de realidad virtual, despidiendo a miles de empleados en 2023 y 2024. Sony, por su parte, ha enfrentado una recepción más fría de lo esperado con el PSVR2, a pesar de su calidad técnica.
Lo que ocurrió con Polyarc refleja un problema estructural de la industria: desarrollar para realidad virtual sigue siendo extremadamente costoso, los mercados son relativamente pequeños y la rentabilidad es difícil de alcanzar sin el respaldo de grandes corporaciones. Los juegos de RV exitosos como Beat Saber o Half-Life: Alyx son la excepción, no la regla. La mayoría de los estudios independientes luchan por recuperar la inversión inicial, que puede superar los millones de dólares solo en desarrollo.
Desde un punto de vista analítico, la desaparición de Polyarc señala una maduración dolorosa pero necesaria del mercado de la realidad virtual. La industria vivió un ciclo de hype excesivo entre 2021 y 2022, alimentado por la narrativa del metaverso, que llevó a muchas empresas a sobreestimar la velocidad de adopción de estos dispositivos. Los consumidores, en general, siguen percibiendo los cascos de RV como productos de nicho, caros y con un catálogo de contenido limitado.
Sin embargo, el legado de Polyarc no debe subestimarse. Moss fue uno de los primeros títulos en demostrar que la realidad virtual podía ser un medio narrativo serio y emocionalmente resonante. Su influencia se puede ver en el diseño de experiencias posteriores que buscan ir más allá del entretenimiento pasivo. La desaparición del estudio es una pérdida significativa para la comunidad de desarrolladores de RV, pero también un recordatorio de que la innovación tecnológica necesita modelos de negocio sostenibles para prosperar.
El futuro de la realidad virtual dependerá de si las grandes plataformas —Meta Quest, Apple Vision Pro y los dispositivos de PlayStation— logran expandir su base de usuarios más allá de los entusiastas tecnológicos. Mientras tanto, estudios como Polyarc nos recuerdan que detrás de cada experiencia virtual memorable hay un equipo de personas cuyo trabajo merece ser reconocido, incluso cuando las condiciones del mercado no les permiten seguir adelante.