La percepción de que las redes sociales son simples canales de comunicación ha quedado desactualizada ante su complejidad. Aunque OpenAI promete facilitar la interacción, la realidad sigue siendo un laberinto de algoritmos y comportamientos no transparentes. Para profesionales que hablan otro idioma, este enigma resalta la brecha entre teoría técnica y práctica cotidiana. Su caso ilustra cómo factores como el diseño de interfaces, la psicología del consumo y la fragmentación de atención dificultan la comprensión integral. Esto no solo afecta la eficacia de las plataformas, sino también la confianza de los usuarios, quien debe navegar entre información contradictoria y dudas persistentes. La solución requiere un enfoque multidisciplinario, integrando no solo conocimiento de IA, sino también empatía hacia las dinámicas sociales bajo presión digital.