La pregunta que subyace al nuevo cartoon de Fiona Katauskas en The Guardian no es solo una crítica artística: es un espejo de la crisis ética y legal que vive la inteligencia artificial. Empresas como Stability AI, Midjourney o OpenAI han sido acusadas de utilizar millones de imágenes, textos y obras protegidas para entrenar sus modelos generativos, sin permiso ni compensación para sus creadores. ¿Estamos ante un modelo de negocio basado en el saqueo sistemático de la propiedad intelectual?

El caso más emblemático es el demandado de Getty Images contra Stability AI, que utilizó 1.877 imágenes de su archivo para entrenar su modelo de generación de imágenes, Stable Diffusion. La respuesta de las empresas suele ser que los datos son públicos y que su uso es necesario para la innovación. Pero esto choca con la realidad: artistas, fotógrafos y escritores han perdido ingresos o han tenido que competir contra versiones de su trabajo generadas por IA. La brecha entre la velocidad de la tecnología y la regulación es un campo minado.

En Europa, la propuesta de Directiva de Inteligencia Artificial (AI Act) busca limitar el uso de datos protegidos para entrenar modelos de IA generativa. Sin embargo, en Estados Unidos, la falta de marco legal claro permite que las empresas operen en un vacío. La CNIL francesa ya multó a una empresa por usar datos no autorizados, pero en otros lugares, la respuesta es más flexible. ¿Acaso la innovación debe ser sacrificada por la regulación, o al revés?

Los creadores, por su parte, ven un futuro incierto. Plataformas como ArtStation o DeviantArt han tenido que implementar sistemas de bloqueo para proteger sus archivos, pero la carrera contra el robo de datos es una batalla perdida. Algunos artistas han recurrido a la criptografía o a la blockchain para rastrear el uso de su trabajo, pero estas soluciones son costosas y no garantizan la protección total.

La pregunta que queda en el aire es si las empresas de IA pueden ser sostenibles sin un marco ético y legal que equilibre la innovación con los derechos de los creadores. Mientras tanto, el cartoon de Katauskas, con su mezcla de tinta y algoritmos, dice más que mil palabras: la inteligencia artificial está construyendo su futuro sobre los escombros del presente.