El talón de Aquiles de los agentes autónomos actuales no es su capacidad de razonamiento, sino su memoria. Cuando un agente comete un error, las soluciones actuales ofrecen un dilema insatisfactorio: o bien reflexiona "en contexto" (consumiendo ventana de tokens y perdiendo la lección al reiniciar la sesión), o bien se somete a un fine-tuning completo, un proceso costoso, lento y propenso al olvido catastrófico que degrada capacidades previas. Un nuevo trabajo presentado en arXiv rompe esta dicotomía con Self-Direction, un mecanismo que dota a los agentes de una memoria procedimental persistente, ligera y selectiva.