El tráfico ilegal de fauna marina persiste, amenazando ecosistemas y economías. Aunque avances tecnológicos han aumentado la conciencia, su aplicación práctica enfrenta barreras como costos y capacitación. La inteligencia artificial se ha convertido en aliada estratégica, analizando patrones de movimiento y transparando rutas sospechosas. En proyectos recientes, algoritmos entrenados detectan irregularidades en puertos y redes de pesca, reduciendo errores humanos. Su eficacia radica en la precisión y detección temprana, aunque su implementación requiere inversión y colaboración multisectorial. La IA no sustituye la experiencia local, sino que la amplifica, protegiendo recursos y salvando especies vulnerables. Este enfoque combina tecnología con conocimiento tradicional, creando un puente crítico para el futuro sostenible.