La última propuesta del presidente Donald Trump de establecer una 'Fuerza de Inteligencia Artificial' (AI Force) ha vuelto a centrar el foco en el debate global sobre el futuro de la IA y sus riesgos. Anunciado el 19 de septiembre en Truth Social, el plan busca crear una estructura militar similar a la Space Force, junto con la designación de un 'czar' de IA, con la promesa de que el gobierno 'no de ninguna manera limitará o estancará' el crecimiento de la tecnología. Esta medida llega en un momento crítico, tras recientes advertencias de líderes del sector sobre los peligros de la IA sin control.
El contexto es de gran relevancia. Solo días antes, un investigador de Anthropic estimó en más del 10% la probabilidad de que la IA cause la extinción humana en la próxima década, seguido de un ensayo del CEO Dario Amodei pidiendo al gobierno que ayude a frenar el desarrollo de IA fronteriza. Este llamado fue respaldado por Sam Altman de OpenAI y Elon Musk, reflejando una preocupación compartida en la industria. Además, 20 naciones habían emitido una declaración exigiendo 'dirección, supervisión y control humanos' de la IA antes de la Asamblea General de la ONU, pero Estados Unidos no estuvo entre ellas. La postura de Trump contrasta directamente con estos esfuerzos colectivos, enfocándose en la promoción del crecimiento sin regulaciones federales restrictivas.
Desde la perspectiva de expertos en seguridad, como el autor de la noticia original, un counterterrorism scholar que asesora a empresas de IA, la creación de una AI Force podría ser contraproducente. Se argumenta que esto desencadenaría una carrera armamentística de IA, exacerbando riesgos existentes y generando nuevos. La weaponización de la IA ya es una preocupación real, con aplicaciones en drones, ciberataques y toma de decisiones autónomas. Al igual que la Space Force se creó para competencia espacial, una AI Force podría estimular una competencia entre potencias como Estados Unidos y China, acelerando el desarrollo de sistemas potencialmente peligrosos sin los salvaguardias adecuadas.
Mientras tanto, en ausencia de regulación federal, estados como California, Nueva York y Texas han tomado cartas en el asunto, aprobando leyes que exigen planes de seguridad y reporte de incidentes a los grandes desarrolladores. Sin embargo, Trump firmó en diciembre de 2025 una orden ejecutiva para que el Departamento de Justicia demande a estos estados, argumentando que sus normas debilitarían la competitividad frente a China. Este conflicto entre enfoques estatales y federales resalta la falta de un marco nacional coherente, lo que podría dejar espacios vacíos en la gobernanza de la IA.
En conclusión, la propuesta de Trump no solo plantea dudas sobre la seguridad de la IA, sino que también subraya la necesidad de un diálogo global equilibrado. Para los profesionales de la tecnología, es crucial monitorear cómo estas políticas afectan la innovación y los riesgos éticos. La IA tiene un potencial transformador, pero su gestión requiere cooperación, no competencia desmedida. La decisión de seguir el camino de una AI Force podría determinar si la humanidad se acerca a un futuro de progreso controlado o de peligros incontrolables.