En el entorno académico actual, la dependencia de la inteligencia artificial se ha convertido en un tema crítico. Mientras las universidades exploran tecnologías emergentes, muchos estudiantes se ven obligados a integrar estas herramientas en sus estudios, superando límites personales. Esta adicción no solo compromete su productividad, sino también su salud mental, planteando dilemas éticos y sociales. La intersección entre educación y tecnología exige estrategias innovadoras para mitigar riesgos y fomentar un uso consciente, asegurando que la innovación beneficie sin perjudicar a los usuarios.