En marzo de 2016, el hotel Four Seasons de Seúl se convirtió en el epicentro de un duelo milenario. De un lado, Lee Se-dol, segundo mejor jugador de Go del planeta. Del otro, AlphaGo, un programa creado por DeepMind, una empresa londinense de investigación en inteligencia artificial. No era solo un partido; era la prueba de fuego definitiva para una tecnología que llevaba décadas prometiendo transformarlo todo.\n\nEl ajedrez había caído en manos de las máquinas casi 20 años antes, cuando Deep Blue derrotó a Garry Kasparov. Pero el Go, ese antiguo juego chino de piedras y territorios, resistía. Su complejidad era legendaria: el número de posiciones legales en el tablero supera con creces la cantidad de átomos en el universo observable. Para muchos, era el último bastión de la intuición humana frente al cálculo frío de la máquina.\n\nLa figura detrás de este logro es Demis Hassabis, un nombre que hoy resuena en los laboratorios de IA de todo el mundo, pero cuyo camino comenzó en los tableros de ajedrez de Londres. Hassabis fue un niño prodigio, campeón de ajedrez a los 13 años, antes de deslumbrar en la industria de los videojuegos y, finalmente, fundar DeepMind en 2010. Su visión siempre fue ambiciosa: crear una inteligencia general artificial capaz de resolver problemas complejos, no solo jugar.\n\nEl nuevo libro de Sebastian Mallaby,