El discurso alrededor de la inteligencia artificial suele presentar un futuro idílico: máquinas que asumen las tareas rutinarias y liberan al ser humano para actividades creativas y de mayor valor. Esta vision, conocida como 'trabajo aumentado', promete incrementar tanto la productividad como la satisfaccion laboral. Sin embargo, una reciente encuesta realizada en Quebec por el Observatorio Internacional sobre los Impactos Sociales de la IA y la Tecnologia Digital (Obvia), en colaboracion con once sindicatos que representan a mas de 1,4 millones de trabajadores, pone en duda esa narrativa uniforme.
El sondeo, aplicado a 4,595 afiliados sindicales durante 2025, revelo que apenas el 44 % de los usuarios diarios de IA percibe una mejora real en su productividad. En contraste, el 26 % afirma que su eficiencia ha disminuido a causa de la tecnologia. Estos numeros desafian la idea de que la IA beneficie de forma indiscriminada a todos los empleados.
Una de las principales causas de las perdidas de eficiencia es lo que los investigadores denominan 'IA slop': resultados generados por la IA que son rapidos pero de baja calidad. Informes que deben ser reescritos, datos que requieren verificacion adicional o cadenas de correos electronicos que se vuelven incomprensibles obligan a los trabajadores a invertir tiempo extra en correcciones y aclaraciones. En lugar de ahorrar esfuerzo, la herramienta genera trabajo adicional que compensa cualquier ganancia potencial.
En cuanto a la carga de trabajo, el panorama es igualmente ambiguo. El 46 % de los encuestados indica que la IA ha aligerado sus tareas, mientras que un porcentaje similar reporta ninguna variacion o incluso un aumento de la carga debido a la necesidad de supervisar y corregir los outputs automatizados. Esta division muestra que el efecto de la IA sobre la carga laboral depende fuertemente del tipo de actividad, del entorno organizacional y del perfil individual del usuario.
Otro hallazgo relevante es el nivel de integracion de la tecnologia. Tres cuartas partes de los usuarios emplean la IA unicamente en funciones de apoyo o secundarias, y solo un 3 % la considera una pieza central de su flujo de trabajo diario. Esto sugiere que, por ahora, la IA actua mas como un asistente puntual que como una transformation estructural de los procesos productivos.
Los resultados de la encuesta invitan a replantear la promesa del 'trabajo aumentado' como una solucion universal. Los beneficios aparecen condicionados a factores como la adecuacion de la herramienta a la tarea especifica, la capacitacion recibida por los empleados y la existencia de procesos de control de calidad que eviten la propagacion de errores. Para empresas y responsables de politicas, el mensaje es claro: invertir en IA sin acompañarla de formacion adecuada y de mecanismos de revision puede generar mas friccion que progreso.
En definitiva, la evidencia quebequense muestra que la narrativa optimista debe ser matizada con una vision critica y basada en datos. Solo al reconocer las limitaciones y los contextos en los que la IA realmente aporta valor sera posible disenar estrategias de adopcion que mejoren genuinamente la productividad y el bienestar de los trabajadores.