La economía estadounidense atraviesa un momento que, en apariencia, transmite calma. Los indicadores macroeconómicos muestran estabilidad, los mercados respiran con cierto alivio y la inflación, aunque persistente, parece controlada. Sin embargo, Austan Goolsbee, presidente de la Reserva Federal de Chicago, ha salido al paso para lanzar una advertencia que nadie en Wall Street quería escuchar: no es momento de bajar la guardia.
En una entrevista reciente, Goolsbee explicó que, aunque las cifras macro invitan al optimismo, existen factores estructurales que podrían reactivar las presiones inflacionarias en cualquier momento. Entre ellos, destaca la evolución de los salarios en sectores clave, los costos energéticos y, sobre todo, el impacto real de las políticas comerciales de la actual administración.
Pero quizás la frase más llamativa de su intervención no tuvo que ver con la macroeconomía, sino con la inteligencia artificial. Goolsbee reconoció que, hasta ahora, la IA no ha cumplido las expectativas que ella misma generó. Esta afirmación resulta significativa viniendo de alguien con acceso a información privilegiada sobre el pulso real de la economía digital.
La economía de cristal
El discurso oficial del gobierno estadounidense insiste en presentar una economía robusta. Crecimiento sostenido, desempleo bajo y una inflación que, tras los picos de 2022, se ha moderado hasta rondar el objetivo del 2%. Goolsbee coincide en que el panorama no es catastrófico, pero matiza: la estabilidad actual podría ser más frágil de lo que aparenta.
«Los datos son mejores de lo que muchos esperaban», reconoció, «pero eso no significa que podamos relajarnos». En su análisis, tres vectores podrían desatar un nuevo repunte inflacionario: un mercado laboral aún tensionado, las expectativas de inflación ancladas en niveles ligeramente superiores a los deseables, y los efectos de segunda ronda derivados de los aranceles.
Este último punto es especialmente delicado. Las políticas arancelarias de la administración Trump, lejos de ser un tema coyuntural, están comenzando a filtrarse en los precios al consumidor. Las cadenas de suministro se reconfiguran lentamente y los costos de producción aumentan, aunque las empresas han absorbido parte de estos incrementos para no perder competitividad.
La sombra de Warsh en la Fed
Otro de los temas que Goolsbee abordó fue el papel de Kevin Warsh, gobernador de la Fed cuya influencia parece crecer en las discusiones internas del comité. Aunque evitó entrar en detalles, dejó entrever que existen divergencias sobre el rumbo futuro de la política monetaria.
Warsh, conocido por su perfil más hawkish, ha abogado en repetidas ocasiones por una postura más agresiva contra la inflación, incluso si eso implica ralentizar el crecimiento. Goolsbee, más cercano a la postura de待つ pensamiento dovish, advierte que un giro prematuro hacia el endurecimiento monetario podría estrangular una economía que todavía muestra vulnerabilidades.
La tensión entre ambas visiones no es nueva, pero cobra relevancia en un momento donde la Reserva Federal debe calibrar con precisión milimétrica cada decisión. Un error de cálculo, ya sea por exceso de restricción o por complacencia, tendría consecuencias globales.
¿Dónde está el hype de la IA?
Pero el punto que más ha resonado en el ecosistema tecnológico es la opinión de Goolsbee sobre la inteligencia artificial. A pesar de las inversiones billonarias, las promesas de transformación total y los titulares apocalípticos sobre el futuro del trabajo, la IA generativa aún no ha demostrado un impacto macroeconómico medible.
Esta visión coincide con análisis recientes de organismos como el MIT o el Banco de la Reserva Federal de San Francisco, que han señalado que la adopción empresarial de IA está siendo más lenta y menos transformadora de lo esperado. Las empresas experimentan, pero pocas han integrado la tecnología en sus procesos centrales de forma que genere ganancias de productividad sustanciales.
Goolsbee no descarta que este escenario cambie. De hecho, sugiere que la revolución podría estar acumulándose antes de manifestarse de forma masiva, como ocurrió con la electricidad o internet. Pero, por ahora, el balance entre inversión y retorno sigue siendo una incógnita.
Por qué importa para Iberoamérica
Para los profesionales tech hispanohablantes, este análisis tiene implicaciones directas. La política monetaria estadounidense condiciona el flujo de capital hacia mercados emergentes, incluyendo América Latina. Una Fed más restrictiva de lo necesario podría encarecer el financiamiento de startups y proyectos de innovación en la región.
Además, el escepticismo sobre la IA no es derrotismo, sino una llamada a la prudencia. En un ecosistema donde abundan las promesas exageradas y los fundraising inflados, recordar que la tecnología debe demostrar valor real es un ejercicio saludable. Las empresas iberoamericanas que están apostando por la IA deben entender que la madurez del mercado, tanto en adopción como en retorno, llevará más tiempo del prometido.
Goolsbee, en definitiva, no predica catastrofismo. Simplemente recuerda que, en economía como en tecnología, las apariencias de estabilidad suelen ser el preludio de los movimientos más bruscos.