Este relato refleja un cambio cultural en la atención sanitaria: la aceptación gradual de herramientas de inteligencia artificial en contextos de apoyo. A medida que los sistemas se vuelven más sofisticados, surgen preguntas éticas esenciales. ¿Quién garantiza la privacidad de mis datos médicos? ¿Cómo evitamos sesgos algorítmicos en poblaciones diversas? ¿Cuándo debe prevalecer la decisión de un humano sobre un modelo matemático? Estas reflexiones no solo aplican a mi situación personal, sino a toda la transformación digital del sector salud. La clave está en la colaboración, donde la tecnología amplifica, pero nunca reemplaza, la compasión y el rigor científico.