En la sede de la Asamblea General de la ONU, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encontró por primera vez cara a cara con el alcalde de Manchester, Andy Burnham. Durante la reunión, Trump lo describió como un “empresario natural” y aseguró que su gestión le convertiría en un gran primer ministro, pese a que la relación bilateral ha estado marcada por rozaduras en varios frentes.

El tema de la regulación de la inteligencia artificial, uno de los puntos más controvertidos entre Washington y Londres, quedó en el centro del intercambio. Trump, que ha prometido una postura menos restrictiva frente a la IA, consideró que Burnham posee “muchos activos” para impulsar una política tecnológica favorable al negocio. La postura del alcalde, que ha defendido marcos de gobernanza más estrictos y la creación de un consejo de ética de IA en el Reino Unido, contrasta con la visión de la administración estadounidense, lo que podría influir en futuras negociaciones sobre normas internacionales de IA.

Otro de los ejes de fricción es la disputa sobre las islas Chagos, territorio británico del Océano Índico que el gobierno de Trump ha impulsado a devolver a Mauritius. Burnham, aunque no es responsable directo de la política exterior, ha expresado su apoyo a la postura del gobierno británico y ha subrayado la importancia de respetar el derecho internacional. La tensión sobre Chagos se suma a la already compleja relación bilateral, pero la retórica conciliadora de Trump sugiere una intención de mitigar conflictos y buscar puntos de convergencia.

El conflicto en Irán, marcado por las sanciones estadounidenses y la creciente presión sobre Teherán, también ha generado tensiones entre ambos gobiernos. Trump ha utilizado la reunión para dejar claro que su prioridad es contener a Irán, pero ha señalado que una relación más fluida con el Reino Unido, bajo la dirección de un líder que percibe como pragmático, facilita la cooperación en materia de seguridad y diplomacia. Burnham, a su vez, ha reiterado la necesidad de mantener canales de diálogo con Washington para proteger los intereses del Reino Unido en la región.

Esta interacción revela más que un simple elogio; muestra cómo la administración Trump busca cultivar aliados locales en el Reino Unido para contrarrestar sus propias disputas y reforzar su agenda en temas críticos como la IA y la política exterior. Para la industria tecnológica, la visión de Trump sobre una regulación menos gravosa podría acelerar la inversión en soluciones de IA, mientras que la postura de Burnham indica una tendencia a la cautela y a la creación de marcos de responsabilidad. Además, la visita ocurre en un momento de transición política en el Reino Unido, donde Burnham aspira a la jefatura del Partido Laborista y podría convertirse en primer ministro, lo que añade una capa de incertidumbre y oportunidad a la relación transatlántica. En definitiva, la reunión subraya la importancia de la diplomacia personal en la era post‑Brexit y su posible repercusión en la gobernanza global de la inteligencia artificial.